Almacenar discos duros desconectados durante años tiene riesgos: los lubricantes mecánicos pueden secarse y los SSD pierden carga eléctrica en sus celdas. Para preservar datos a largo plazo, es recomendable encender las unidades y realizar verificaciones de integridad de los datos al menos una vez al año.
El “almacenamiento en frío” parece la solución ideal para backups a largo plazo: desconectar el disco y guardarlo en un lugar fresco y seco. Sin embargo, el tiempo juega en contra. En HDD tradicionales, el lubricante del eje del motor y los cojinetes puede solidificarse, provocando que los platos no giren o que los cabezales se peguen al plato (stiction). En SSD, las celdas NAND retienen carga eléctrica que se disipa lentamente sin alimentación; tras años apagados, los datos pueden volverse ilegibles. La mejor práctica consiste en conectar periódicamente las unidades, leer todos los sectores y reescribir si es necesario para refrescar la carga. Así se detectan degradaciones tempranas y se evita la sorpresa de encontrar un backup irrecuperable cuando más se necesita.
